TAX CUTS AND JOBS ACT: LA REFORMA TRIBUTARIA DE TRUMP Y SU IMPACTO SOBRE EXTRANJEROS NO RESIDENTES EN ESTADOS UNIDOS

PARADISE PAPERS: LA OTRA MIRADA – Por: Martin Litwak
29 noviembre, 2017

 

Por: Martin Litwak (@MartinLitwak)

Martin Litwak es fundador y socio principal de la firma @LitwakPartners, una boutique de servicios legales especializada en fondos de inversión, finanzas corporativas, planificación patrimonial internacional, intercambio de información y amnistías fiscales.

 

Ley de Reducción de Impuestos y Empleo

El pasado 20 de diciembre de 2017 Trump se anotó el mayor triunfo legislativo desde su llegada a la Casa Blanca.

Esa noche, como muchos de Uds. recordarán, el Senado finalmente aprobó la ley denominada “Tax Cuts and Jobs Act” (la “Reforma Tributaria”), la cual entró en vigor el 1 de enero del presente año.

En este contexto, el objetivo de esta columna es repasar las principales modificaciones introducidas por la Reforma Tributaria, haciendo énfasis en aquellas que pudieran afectar a “extranjeros no residentes”; es decir, a aquellas personas que no son norteamericanas ni residen en Estados Unidos pero que tienen intereses económicos allí.

Principio General

Pero comencemos por el principio: ¿Qué se entiende por “extranjero no residente”? ¿Qué impuestos deben pagar las personas que califiquen como tales? ¿Por qué es importante esta distinción?

Existen dos maneras de “calificar” como “extranjero residente” y estar, por ende, sujeto a todos los impuestos que existen en Estados Unidos.

En primer lugar, Estados Unidos considera a un extranjero como residente fiscal norteamericano si posee una “green card”, o tarjeta de residencia. En caso de poseerla, no importa la cantidad de días que esa persona pasa en el país.

En segundo lugar, una persona extranjera será considerada residente fiscal americana si cumple con el famoso test o requisito de “presencia sustancial”.

A los fines de cumplir con este test, la persona de que se trate tendrá que haber estado físicamente presente en los Estados Unidos por lo menos:

  1. 31 días durante el año en curso, y
  2. 183 días durante un período de 3 años, que incluye el año en curso y los 2 años inmediatamente anteriores.  

As su vez, para satisfacer el requisito de los 183 días, cuente:

  1. todos los días en los que estuvo presente en el año en curso;
  2. un tercio de los días en los que estuvo presente en el primer año antes del año en curso; y
  3. un sexto de los días que estuvo presente en el segundo año antes del año en curso.  

En definitiva, entonces, si una persona cumple con alguna de las dos condiciones mencionadas más arriba (poseer una “green card” o tener presencia substancial en Estados Unidos), dicha persona calificará como residente fiscal estadounidense y deberá pagar impuestos en Estados Unidos como cualquier ciudadano norteamericano.

Caso contrario, dicha persona será un “extranjero no residente” y no deberá pagar impuestos en Estados Unidos.

La distinción entre una y otra categoría es crucial porque el principio general en los Estados Unidos es que los extranjeros no residentes, en principio, no están sujetos al pago del impuesto a las ganancias o a la renta.

Principal Excepción

Existen, sin embargo, importantes excepciones al principio general mencionado en la sección anterior. La más relevante de ellas se relaciona con el famoso “Estate Tax”, o impuesto sucesorio.

El impuesto sucesorio es el que más comúnmente despierta en los clientes la necesidad de “estructurar” su patrimonio de forma cuando deciden invertir en Estados Unidos.  Se trata de un impuesto muy oneroso que, en ocasiones, puede implicar que los herederos deban desprenderse de activos a fin de poder pagarlo.

El impuesto sucesorio aplica, por ejemplo, sobre acciones de corporaciones norteamericanas; oro, arte y dinero en efectivo mantenido en suelo americano; dinero en cuentas de brokerage, etc. No aplica a bonos, acciones de sociedades extranjeras, etc.

Una de las modificaciones incluidas en la Reforma Impositiva de Trump se refiere justamente a este impuesto.

Veremos más adelante que es lo que se modificó exactamente.

Modificaciones introducidas por la Reforma Tributaria

En el caso de extranjeros que califiquen como residentes fiscales americanos, evidentemente los mismos se verán afectados por la totalidad de las modificaciones incluidas por la Reforma Tributaria.

Esto quiere decir, por ejemplo, que se beneficiarían de la reducción de los impuestos a las personas físicas (cuya tasa máxima era antes de la reforma 39.6% y ahora es 37%), del aumento del “mínimo no imponible” en materia de impuesto sucesorio (que pasó de US$5,600,000 a US$11,000,000), así como de la baja del impuesto corporativo del 35% al 21%.

 

En el caso de “extranjeros no residentes”, desafortunadamente los cambios no han sido significativos. Donde podría haber habido un beneficio, que fue en el aumento del mínimo sobre el cual se aplica el impuesto sucesorio, no lo hubo. Ello por cuanto las secciones del Código Fiscal modificadas han sido las 2001 y la 2010, que aplican solo a ciudadanos y a residentes, no a no residentes. Las Secciones 2101-2108 no sufrieron enmienda alguna, y por ende el mínimo no imponible se mantuvo en la irrisoria suma de US$60,000.

Lo anterior implica que quienes decidan invertir en Estados Unidos y no califiquen como “residentes”, deben estructurar adecuadamente su inversión, generalmente a través de sociedades offshore/extranjeras o trusts.

Para finalizar, un tema más que se relaciona con el impuesto sucesorio. La Reforma Tributaria no introdujo cambios a la regla de “step-up”.

Así las cosas, los activos que se incluyen en el acervo sucesorio de una persona van a ser “adquiridos” por sus sucesorios como sucedía antes de la reforma, inclusive si no se aplica impuesto alguno a los mismos por estar debajo de los US$11,000,000.

Esto quiere decir que no se paga impuestos por ganancias generadas sobre los activos a transferir hasta el momento del fallecimiento del dueño original de los mismos y que, quien recibe el bien de que se trate, lo recibe al valor que tenía en dicho momento. No se trata de un tema menor cuando se heredan activos adquiridos mucho tiempo atrás y que han subido considerablemente de valor.

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